Vicenta Castillo Martí, ha ganado una demanda a su casero por ‘mobbing’
“Me metieron okupas de vecinos para que me fuera”
Tengo 83 años. Nací en Lyon, pero llevo 69 años en el mismo piso del Raval de Barcelona. He ganado una demanda contra mi casero por lo que me ha hecho sufrir para echarme. Espero que esta sentencia ayude a otras señoras que se quedan solas y sufren acoso inmobiliario.
Llegamos al Raval hace 69 años. Entonces el barrio era una gran familia. Durante muchos años, allí nos conocíamos y nos ayudábamos todos. No sólo los del portal, sino también los de las fincas cercanas: sólo le diré que durante el día no cerrábamos las puertas de los pisos.
¿Quiénes eran sus vecinos?
Trabajadores como mi marido, que era metalúrgico de la Seat; también había una familia de fruteros, unos carpinteros… En fin, gente trabajadora, buena gente.
¿Cómo cambió el Raval?
Los propietarios no arreglaban los pisos y los jóvenes ya no podían quedarse a vivir en el barrio: ya no querían seguir viviendo allí. Así que poco a poco sólo venían al Raval los que no tenían para poder ir a otro sitio.
¿Cómo vivió ese proceso desde su piso de la calle Reina Amàlia?
De 22 alquilados en el edificio, poco a poco he ido quedándome yo sola. Cuando se iban las familias vecinas de siempre, al principio fueron sustituidas por inmigrantes de todas partes: pakistaníes, sudamericanos…
¿Tuvo problemas de convivencia?
Sólo con los que daban problemas, pero no porque fueran inmigrantes extranjeros sino porque daban problemas. También daban problemas algunos de aquí que aceptaban meterse en aquellos pisos, con aquel portal que era un peligro: se caían las paredes, el suelo abombado y las barandillas, pero por eso mismo pagaban muy poco al mes.
¿Cuánto pagaba usted?
80 euros al mes hasta hace cuatro meses, cuando me subieron el alquiler a 120, porque ahora me cargan parte de las obras.
¿Cuando empezó a sentirse acosada?
Hace 10 años comenzaron los problemas, cuando mi marido ya estaba enfermo. Metieron okupas en la finca o dejaron que se colaran. Y no denunciaron la ocupación ilegal.
¿Qué hacían?
Reventaron las puertas y entraron donde quisieron; hicieron hogueras en el suelo y en la terraza; hacían sus necesidades en cualquier sitio; me asustaban con sus gritos y destrozaron aún más la escalera…
…
… Mi marido entonces estaba enfermo y el pobre no quería salir de casa porque le daba miedo que al volver le hubiesen tapiado la puerta.
¿Usted no se quejó?
Claro. Enviamos muchas cartas certificadas al casero pidiéndole que cumpliera el contrato y arreglara la vivienda; y también le pusimos una demanda anterior a esta que ahora hemos ganado.
¿El casero nunca contestó?
Nunca quiso hablar con nosotros, ni mucho menos responder a ningún requerimiento ni carta ni nada.
Pero usted aguantaba.
Al final se fueron los okupas, y hace siete años empezaron a tapiar las puertas de los pisos que ya estaban vacíos. Ni siquiera se molestaron en limpiarlos antes.
Se quedo usted sola.
Pero, como todo el edificio estaba tan mal, hubo un escape y se inundó el piso de arriba, que ya tenía la puerta tapiada, así que el agua acabó cayéndome a mí encima y yo no podía hacer nada para evitarlo.
Era peligroso.
Por eso arreglaron la fachada, porque empezaron a caer piedras a la calle, y entonces la Guardia Urbana puso una denuncia y obligó al propietario a repararla, pero dentro la escalera seguía destrozada.
Y usted siguió aguantando.
Con la inundación me quedé sin luz y estuvieron sin poder arreglarla tres meses, porque tenían que esperar a que los cables de algodón de la instalación (¡imagínese si eran viejos!) se secaran, porque estaban empapados y no se podían reparar sin peligro.
¿Por qué decidió volver a presentar una demanda?
El abogado Daniel Vosseler supo del caso y se ofreció a ayudarnos.
Pues enhorabuena por la sentencia y por la indemnización de 20.000 euros.
Gracias. La verdad es que llevo muchos años sufriendo sin poder hacer nada, porque el propietario, en vez de cumplir con su deber, estaba esperando a ver si me moría de una vez o me cansaba y me iba.
¿Nunca se ofreció a negociar una indemnización para que dejara el piso?
La única frase que me dijo en todos estos años fue un día que me vio en el portal y me soltó: “Ya me puedes mirar, ya, que no me vas a sacar ni un duro”.
Pues se equivocó en la profecía.
Pero lo que a mí me llena de alegría, y por eso hablo con usted, es que a muchas señoras como yo que sufren situaciones parecidas esta sentencia les va a ayudar a resistir. Ojalá sirviera también para mejorar el barrio, que está hecho un asco: prostitución, suciedad y se montan unos escándalos…
La prostitución no es precisamente un fenómeno nuevo en el Raval.
… Pues claro que la había, pero no la practicaban en la calle, sino en sus meublés.
¿Le gustaría seguir viviendo en el Raval?
Sí, en el Raval que conocí, pero esto de ahora la verdad es que ya no sé si es mi barrio y la casa donde hemos vivido, pues ya sabe como está. Nosotros vivíamos en la calle: niños y mayores. Ahora no sé si dejaría a mis bisnietos jugar solos ahí. Y la verdad es que me da miedo salir sola.
Fuente: La Vanguardia
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