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Reflexiones sobre la reactivación del alquiler de habitaciones como forma de acceso a la vivienda

A pesar de las ayudas articuladas por el Gobierno y las Comunidades Autónomas, el elevado precio de la vivienda y el alquiler sigue siendo para muchos ciudadanos un grave problema. La situación se ha visto especialmente agravada en los últimos meses con el recrudecimiento de la crisis y el incremento del paro. Una consecuencia de este panorama es que prácticas de antaño, como el alquiler de habitaciones y la transformación de locales en pequeños apartamentos habitables, toman ahora un renovado protagonismo.

Efectivamente, compartir inmuebles, ya sea por varias personas cada una de ellas pagando por una habitación, ya sea un propietario que decide alquilar una de las habitaciones de su casa para hacer frente a los pagos de la hipoteca, es una forma de acceso a la vivienda conocida por los agentes inmobiliarios. Sin embargo, lo novedoso de esta práctica que parecía ya en cierto desuso y reducido a determinados colectivos (estudiantes, inmigrantes, etc) es el incremento que ha experimentado en tan solo doce meses.

Datos recientes indican que el volumen de este tipo de operaciones se ha duplicado en el último año, en relación al anterior. También los anuncios ofertando o demandado habitaciones, especialmente en Internet, han experimentado un importante incremento en los últimos meses. Los denominados mileuristas y personas separadas y divorciadas sin vivienda propia son ahora los colectivos más interesados en este tipo de oferta.

Otro de los fenómenos que prolifera ante la dificultad de acceder a un inmueble es la opción de adquirir locales y transformarlos en vivienda. No sólo son los ciudadanos los que han visto en esta fórmula más económica la solución para poder tener una vivienda; también promotoras e inmobiliarias han aprovechado este segmento como oportunidad de negocio en momentos complicados como los actuales.

Al igual que los pisos compartidos, tampoco ésta es una fórmula novedosa pero sí que ha experimentado un notable auge en los últimos meses. Las opciones son varias: por un lado, un particular puede adquirir un local por su cuenta para reformarlo y convertirlo en su hogar. Por otro lado, los propios propietarios de estos bajos pueden o bien rehabilitarlos para después ponerlos en venta o alquiler o bien transferirlos a agencias inmobiliarias para gestionar su venta o alquiler. Obviamente, los locales que se transforman en vivienda han de reunir todos los requisitos para ser habitables y, además de la cédula de habitabilidad, debe cumplir la normativa urbanística de la localidad donde se sitúa, poseer la licencia de cambio de uso de local a vivienda que autoriza el Ayuntamiento, acreditar las condiciones de uso, higiene, ubicación y seguridad exigidas por la ley, etc.

A pesar de que ambos modelos son totalmente legales si se hacen cumpliendo todos los requisitos, la proliferación de estas fórmulas invita a la reflexión pues no dejan de ser alternativas de “segunda” e incluso de “tercera” división ante la imposibilidad de acceder a una verdadera. La primera duda que surge es si las medidas que está emprendiendo el Gobierno en materia de vivienda son las más acertadas; y en segundo lugar, nos preguntamos si no es posible promover nuevas fórmulas de acceso a una vivienda digna buscando alternativas a la hipoteca. Hay voces que ya se han alzado en este sentido y recuerdan que existen fórmulas muy válidas como la Propiedad Temporal, un derecho de superficie únicamente regulado en Cataluña; las comunidades habitacionales; o la rotación del alquiler y propiedad.

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Óscar Martínez Solozábal

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