Doble jornada laboral

Algunas familias comparten su casa con parientes o realquilan habitaciones

Se detectan casos de estrés por la presión a la que tiene que hacer frente la mujer

El impacto de la crisis se percibe también en el trabajo doméstico y familiar. Muchas familias han cambiado sus hábitos, han reducido sus viajes, las comidas fuera de casa y otros servicios como la limpieza o los canguros, tareas que han sido asumidas mayoritariamente por las mujeres. Esta es una de las principales conclusiones del estudio Dones en crisi, encargado por la Fundació SURT y redactado por Laura Sales con la colaboración de Mar Camarasa.

Este proyecto, financiado por el Institut Català de les Dones, intenta ofrecer una visión de género de la crisis económica y señalar las vías para el diseño de intervenciones adecuadas a la ocupación femenina. El estudio se basa por un lado en las encuestas a 2.504 mujeres que acudieron a la fundación SURT en el Raval de Barcelona para iniciar un proceso de inserción laboral a lo largo del año 2008 y hasta junio del 2009 y en una submuestra de 284 que fueron objeto de un análisis más pormenorizado. A ello se sumó una investigación cualitativa sobre catorce mujeres a título individual. La primera conclusión es que a raíz de la crisis se ha doblado el número de usuarias atendidas por SURT y que el aumento de la carga de trabajo doméstico y familiar recae en las mujeres.

“Los hijos dan por hecho que la madre, aunque venga de trabajar, tiene que hacer de todo. Es doble carga en todo; estando enferma, tienes que estar llevando la contabilidad de la casa, la economía, la alimentación”. “Si yo me voy fuera, me tengo que llevar el bocata o me tengo que llevar la fiambrera, porque no me puedo permitir 25 euros en una salida”. Son dos de las opiniones de mujeres que reconocen que han restringido sus salidas y comidas fuera de casa, también los viajes y excursiones, para reducir los gastos. “En último término - dice el estudio-muchas de estas estrategias implican una mayor reclusión de las mujeres en la esfera privada, reforzando el papel tradicional de la mujer en el hogar, limitando las relaciones y aumentando la presión dentro de la familia nuclear”.

En algunos casos también se han introducido cambios en la configuración de las unidades familiares, con alteraciones importantes de los miembros de la unidad de convivencia. Algunas familias, especialmente las más necesitadas, realquilan habitaciones en su propia casa o aceptan que vivan con ellos otros parientes. En el caso de las familias inmigrantes empiezan a darse casos de retornos al país de origen. Así lo explica otro testimonio: “Me tocó mandar a mi madre y a mi hija a Colombia. Porque aquí tampoco tenía la oportunidad de pagarle la universidad”.

En esas estrategias para combatir la crisis las mujeres son las protagonistas, las encargadas de coordinar a los miembros de la familia para implicarlos en los cambios de hábitos. Si antes se daban ya muchos casos de doble presencia de la mujer en el mercado de trabajo y en la gestión del hogar ahora la presión de la crisis ha convertido la situación en insostenible.

El estudio detecta incluso un reforzamiento de la división sexual del trabajo: “En los casos en los que los hombres han perdido la faena, las mujeres describen que sus parejas, y en algún caso los hijos o las hijas, han asumido alguna responsabilidad más, pero no muchas, y bajo la dirección de la mujer”.

Entre las mujeres atendidas en esa fundación del Raval, se detecta un “empeoramiento del bienestar psicosocial de las mujeres, que en muchos casos ha comportado un deterioro de la salud, con situaciones de estrés, depresión y diversos efectos psicosomáticos (alteraciones del sueño, desmemoria, asfixia, nervios)”. Las autoras del estudio consideran que es “una angustia alimentada por la incertidumbre sobre el final de la crisis y la acumulación de dificultades (aumento de las deudas, pérdida de la vivienda…), además de la culpabilidad, la impotencia y la presión (aún más intensa en las mujeres inmigrantes) por no cubrir las necesidades de los hijos”.

Fuente: La Vanguardia

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